En Tiempos de Aletheia

Lo imprevisto nos espera ahí

Lo imprevisto nos espera ahí, a la vuelta de los próximos instantes. Nos acecha y nos asalta mientras nos acomodamos. Nos zarandea y nos deshace todo lo planificado hasta ese momento. Nos resquebraja todo lo ganado y no nos permite darle utilidad alguna a la queja con la que intentamos validar la situación.

La vida no solo es una sonrisa al amanecer, también es una lluvia constante que empapa, un niño que juega en el salón con una pelota, una noche de frío sin abrazos. Nadie viene a salvarnos de nada de eso, pero tampoco a advertirnos ni a procurarnos camino alguno.

Todos los colores no sirven de nada si no somos capaces de dar algo de color a lo imprevisto, a lo que nos vigila y nos aguarda. Pero no siempre es tan fácil vestirnos con lo imprevisto y continuar; no siempre es tan fácil aceptar lo que llega y nos inunda; no siempre es tan fácil abandonar la certeza a la que nos sujetábamos hace unos instantes y agarrar la incertidumbre de lo imprevisto. Y ¿entonces?

Lo imprevisto siempre aparece por mucho que nos escondamos o cavemos una gruta en el acomodo, o nos blindemos con rejas de convicciones fraguadas durante años. Aparece, te desarma. Desajusta todo lo ajustado.

Pero lo imprevisto, empero, en un primer instante, sea un inquilino que irrita y desagrada, es, en ocasiones, otra posibilidad que se acerca y nos susurra al oído. A veces, no hay nada más que escuchar.