En Tiempos de Aletheia

Vivimos en nosotros, convivimos con los demás

Convivimos con los demás, no vivimos en los demás. Vivimos en nosotros. Debemos aprender a dar cuenta de la diferencia entre convivir y vivir.

En cada instante, desde aquellos primeros instantes, al nacer, hasta que nos alcancen los últimos, percibimos y sentimos desde nuestra propia vivencia. No percibimos desde los demás, no estamos en ellos, por eso no debemos vivir en los demás, debemos vivir en nosotros.

Residimos en nuestros errores, en nuestros intentos, en nuestras luchas y en nuestras carcajadas. Nos enriquecemos bajo nuestra percepción, empero el conocimiento o lo aprendido surja de una acción social, o de alguna pauta externa a nosotros.

Residir en los demás es olvidarnos, es obviar que existimos. No darnos la posibilidad de ser nosotros, de intentar ser nosotros y posibilitarnos en cualquier dirección o en cualquier propósito personal o social es desahuciar el camino, nuestro camino. No tendremos otro.

La derrota o el error nacen de nosotros; también las victorias y las metas brotan del hecho de que nos posibilitamos a nosotros para creer, para trabajar y luchar, para sufrir y arraigarnos a la aventura.

Todo camino debe ser hecho desde nosotros, aunque convivamos con los demás; lo que no puede ser es que los demás tracen nuestro camino por no saber diferenciar entre convivir con los demás y vivir en los demás.