En Tiempos de Aletheia

El despertar de Olympe de Gouges

En 1789 fue redactada la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” que sería aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente y se convertiría en el prólogo de la Constitución francesa de 1791. Un día después de que el rey Luis XVI jurase la Constitución, Olympe de Gouges publicó la “Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana”, obviados por completo en el texto anterior. «Hombre, ¿eres capaz de ser justo?», cuestionaba ella, «es una mujer quien te lo pregunta; no le quitarás, al menos, ese derecho. Dime: ¿quién te ha dado autoridad soberana para oprimir a mi sexo?»

Marie Gouze, la futura Olympe de Gouges, nació en 1748 en el seno de una familia burguesa de Montauban. Fue inscrita como hija de un carnicero llamado Pierre Gouze y de la mujer de este, Anne-Olympe Mouisset, pero en realidad su padre biológico era otro: el escritor Jean-Jacques Lefranc, marqués de Pompignan. Siendo muy joven, Marie Gouze coincidió con Louis-Yves Aubry en la representación de la obra Didon, escrita por Lefranc. No hubo flechazo, pero sí matrimonio. Ella se verá en la obligación familiar de casarse con él y así lo hará en 1765. Poco tiempo después nacerá Pierre, el único hijo de ambos, y quedará viuda. En ese momento, liberada de su condición de esposa, es cuando decide convertirse en otra mujer: Olympe de Gouges. Renuncia así a su apellido de casada utilizando uno similar al que llevaba de soltera, y elige el nombre de Olympe en alusión a su madre y a la morada de los dioses griegos. No volverá a casarse, y considerará el matrimonio como «la tumba de la confianza y del amor». Vivirá, eso sí, múltiples historias en París, donde se establecerá junto a su hijo.

Su interés creciente por la literatura desembocará en un nuevo giro de su vida, volcándose en la escritura hacia 1780: fantasea con ser la Safo de su siglo. Encontrará la evidente oposición de la sociedad al querer salirse del esquema doméstico al que parecía destinada como mujer pero, también, la paterna, la más dolorosa. «Las mujeres pueden escribir», admite Lefranc en una carta, «pero conviene para la felicidad del mundo que no tengan pretensiones». Estaba todo en contra. Era una mujer no reconocida por su padre, de instrucción escasa, que escribía con faltas de ortografía… Pero también, una persona inteligente y tenaz. A pesar de los obstáculos, escribirá textos que algunos pretenderán pensados por un hombre. En sus obras teatrales denunciará, entre otros, el racismo y el colonialismo, motivo por el que será objeto de crítica. La puesta en escena de La esclavitud de los negros atraerá la polémica entre distintas posturas y acabará siendo retirada de cartel. Abatida, Olympe de Gouges decide marcharse a Inglaterra, pero el comienzo de la Revolución Francesa truncará el viaje.

El compromiso político y social de Olympe de Gouges la llevará directamente la guillotina. En 1793 publica el opúsculo Las tres urnas defendiendo la descentralización del Estado, pero no tendrá tiempo de difundirlo: será el propio impresor quien la denuncie. Olympe de Gouges es detenida y llevada a la prisión de Saint-Germain-des-Prés donde pasará varios meses en duras condiciones. Aún así, consigue denunciar las circunstancias de su detención ante la opinión pública. Será juzgada el 2 de noviembre y ella misma se encargará de su defensa, a pesar de estar enferma y agotada. Fiel a su forma de ser, tampoco mostrará prudencia en esta ocasión y criticará la política del que ya ha decidido su destino: «Robespierre siempre me ha parecido un ambicioso sin genio y sin alma. Siempre lo vi dispuesto a sacrificar a la Nación con tal de implantar una dictadura. No he podido soportar esa ambición loca y sanguinaria y lo perseguí como siempre he perseguido a los tiranos». Olympe de Gouges será declarada culpable y condenada a muerte. El 3 de noviembre es conducida hasta la actual plaza de la Concordia, donde aguardaba la guillotina. «Hijos de la Patria, vengaréis mi muerte», gritó desde el cadalso, pero lo cierto es que su propio vástago renegará de ella unos días después, vencido por el miedo. Aún así, el tiempo ha sido más ecuánime que la Justicia y sus palabras han adquirido un nuevo valor con los años. Dos de ellas resumen perfectamente su ideario: «Mujer, despierta».

 

 

Para saber más:

BLANCO CORUJO, Oliva. Olimpia de Gouges (Ediciones del Orto, 2000).

GARCÍA ROJAS, Eduardo: “Olympe de Gouges es una mujer del siglo XXI” [Entrevista a la escritora Isabel Medina]. El perseguidor, Diario de Avisos. 21 de agosto de 2016.

MEDINA, Isabel. Olympe de Gouges: la libertad por bandera (Izana Editorial, 2016).