En Tiempos de Aletheia

Pensar por pensar: María Zambrano

«Para salir del laberinto de la perplejidad y del asombro, para hacerme visible y hasta reconocible, permitidme que, una vez más, acuda a la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias». Así empezaba el discurso que María Zambrano escribió agradeciendo la concesión del Premio Cervantes. A sus 85 años recién cumplidos se convirtió en la primera mujer en recibirlo, pero los achaques de la edad y su delicada salud le impidieron recogerlo. Sus palabras, sin embargo, resonaron en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares gracias a la voz de la actriz Berta Riaza, a quien le fueron confiadas las bellas páginas de su discurso.

Zambrano atesoraba ya, desde 1981, el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades: también había sido la primera mujer en obtenerlo. En aquel momento se encontraba en el exilio, pero ahora recibía un nuevo reconocimiento estando en su país natal, el mismo que, de alguna manera, nunca abandonó. Había nacido en Vélez-Málaga en 1904 y siendo pequeña se trasladó a Madrid, donde su madre, Araceli Alarcón, había obtenido un puesto de maestra auxiliar en una escuela de niñas. María recordará algunas imágenes y sensaciones de su ciudad de nacimiento, como el limonero del huerto o los brazos de su padre, Blas Zambrano. Este será nombrado director del Colegio de San Esteban de Segovia pocos años después de la llegada a la capital. La familia se trasladará a ese nuevo destino donde María desarrollará el interés por el saber al calor de los valores liberales de su padre. «Él me enseñó a mirar», diría después.

En Segovia recibirá el mejor regalo que, según ella, le dieron sus padres: su hermana Araceli. Cuando ella nació, María tenía siete años y había esperado mucho tiempo ese momento. Ambas tendrán una relación muy estrecha, especialmente en las circunstancias más difíciles, pero de momento, en Segovia, son felices.

María Zambrano empezó a estudiar bachillerato a los once años, siendo una rareza en la época. Aunque ya se había aprobado la ley de educación que permitía el acceso de las mujeres a los estudios universitarios, muy pocas cursaban los estudios secundarios. Por ese motivo, tan solo otra compañera y ella asisten a una clase de alumnos varones. Se abre entonces una etapa de lecturas y de reflexión, donde la obra de Antonio Machado Soledades, galerías y otros poemas tendrá gran influencia. El poeta sevillano fijará su residencia en Segovia en 1919 y entablará una estrecha amistad con Blas Zambrano.

El mismo año de la llegada de Machado a Segovia, María inicia una relación con su primo Miguel Pizarro, siete años mayor que ella. Él, que trabaja como redactor en el diario El Sol y vive en Madrid, le habla de su círculo de amistades, en el que se encuentran Federico García Lorca y Rosa Chacel. María sueña con ir a la capital y estudiar en la Universidad Central, pero al llegar el momento, su padre decide acabar con la relación que mantiene con Miguel por el grado de consanguinidad que comparten. Sumida en una depresión, comienza los estudios de Filosofía como alumna libre. Unos años después, trasladada toda la familia a Madrid, se matriculará en un doctorado de Filosofía de manera presencial, y ese hecho dará un nuevo rumbo a su vida. Será alumna, entre otros, de José Ortega y Gasset, que tendrá una enorme influencia en su pensamiento. Considerada como uno de sus mejores discípulos, no será orteguiana: partiendo de las enseñanzas del filósofo creará su propia corriente. Otro aspecto importante es que fue Ortega y Gasset el que la invitó a participar en las tertulias de la Revista de Occidente. De esa manera conocerá a Maruja Mallo y, por fin, a Rosa Chacel, por quien sentía una admiración que será mutua.

El pensamiento de María Zambrano se volverá más social y reivindicativo en esos años, y encontrará las primeras resistencias. «Pensar por pensar no está bien visto en España», dirá en sus memorias, pero ella logrará dejar atrás todas las reticencias y se desenvolverá perfectamente un ámbito totalmente masculinizado. De hecho, en 1930 le será concedida una plaza de profesora ayudante de la asignatura de Historia de la Filosofía en la Universidad Central: se reconocía desde época, por tanto, su talento.

En 1931 se vuelca en la política, dando mítines por toda España. Celebrará en las calles, junto a su familia, la salida de Alfonso XIII del país. Su amigo Luis Jiménez de Asúa le propone que sea candidata a las Cortes por el Partido Socialista, pero ella rechaza la oferta. Prosigue su actividad cultural animada por los nuevos tiempos y se suma a las Misiones Pedagógicas, el proyecto educativo republicano que aspiraba a llevar las artes y la cultura a todos los rincones de España. En esa época conoce a Alfonso Rodríguez Aldave, con quien se casará en septiembre de 1936. Ambos viajarán a Chile, donde su marido había sido destinado como secretario de la embajada española. Viendo que la guerra estaba perdida, acabarán regresando, precisamente, por ese motivo. Vuelven a España en 1937 y Alfonso se alista en el ejército. Ella se establece en Valencia y se incorpora al consejo de redacción de Hora de España, revista que será un altavoz contra el fascismo.

María no desea abandonar el país, pero tendrá que hacerlo. Viaja a Francia en enero de 1939 junto a su marido y de allí parten hacia Latinoamérica. Llegan a México, a Morelia, en la misma hora en la que Madrid caía bajo los gritos bárbaros de la victoria, según leyó Berta Riaza en el discurso escrito por María. Fueron cuarenta y cinco años de exilio en los que siguió pensando en (y sobre) España. Tiempos en los que ocurrió la separación de su marido, la publicación de artículos y de libros, la docencia, la muerte de su madre, el sufrimiento de ver a su hermana destrozada mentalmente por las torturas de la Gestapo, la convivencia de ambas en Roma, la precariedad económica, la muerte de Araceli en Ginebra, su propia enfermedad y la concesión del Premio Príncipe de Asturias. Silenciosa y tenaz, en silla de ruedas, seguirá trabajando después de los homenajes y los reconocimientos. Su largo viaje vital terminó en su pueblo de origen, en Vélez-Málaga, donde fueron llevados sus restos mortales. Allí, a la sombra de un limonero, descansa junto a su hermana.

 

Para saber más:

BALLÓ, Tània. Las sinsombrero. Espasa, 2019.

SORELA, Pedro. «María Zambrano, que no recogió el Cervantes, suplió su ausencia con la belleza de su discurso». El País. 24 de abril de 1989.

[REDACCIÓN]. Discurso de María Zambrano, Premio Cervantes 1988 [vídeo]. RTVE, 1988.

VERDÚ DE GREGORIO, Joaquín. Del sentir hacia el pensar: María Zambrano. Taugenit, 2021.

Página web de la Fundación María Zambrano:

https://www.fundacionmariazambrano.org/.